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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Canto a la brisa...

Contarle a todas las estrellas de un amor y de un sueño, desean mis ojos,
Atar a cada brillo de luna un recuerdo, a cada retazo de cielo un beso,
Nadar secretamente en la noche y orillarme a tu sueño y de hinojos...
Transitar levemente entre tus parpados y no ahogarme en tu llanto,
Ocultarme en la mañana y buscar la sombra de un deseo, buscar un canto...

Artista soy de la pena y me complace cobijarme en tus oscuras miradas...
Llévame por piedad a la cúspide de tu antojo, déjame contemplar la historia,
Arrójame luego, sobre las cenizas de ese jardín que sembramos juntos...

Bajaré entonces al infierno y robaré el pecado para tentar la gloria,
Robaré aliento y me vestiré de fuego, me dibujaré alas y partiré sin rumbo,
Inundaré el pozo de las cenizas y batiré las alas, furiosa resistencia al olvido,
Sembraré un huracán en la boca de aquellas miserias, elevaré lo sufrido,
Abrazaré exhausto las primeras horas del día, y el ave fénix habrá nacido...

Canto de amor, canto de dolor, canto de madrugada, canto de soledad, canto de un corazón enamorado...

Canto de flautas rotas a golpes de insomnio, canto a tu imagen dormida que dejé hace unos instantes...

No me dejes...no me dejes...no me dejes

Nunca antes una canción se ha hundido tanto en los sentimientos, como esta perla de palabras que se ha inmortalizado en las voces más diversas... Nunca antes un poema hecho canción se había acomodado tanto a la suerte de un amante de desgracia... Gracias Brel, por decirnos que los amantes verdaderos se llaman, se gritan, se imploran, se resisten a seguir siendolo en una canción, No me dejes, no nos dejes nunca, inspiración...











No me dejes
Hay que olvidar
Todo se puede olvidar
Lo que ya se fue

Olvidar el tiempo
De los malos entendidos
Y el tiempo perdido
Para aclararlos

Olvidar esas horas
Que mataban a veces
A golpes de porqués
al corazón de la felicidad.


No me dejes,
no me dejes,
no me dejes,
no me dejes

Yo te ofreceré
perlas de lluvia
venidas de países
donde no llueve.

Yo escarbaré la tierra
hasta después de mi muerte
para cubrir tu cuerpo
De oro y de luz

Yo haré un reino
Donde el amor será rey
Donde el amor será ley
Donde tu serás reina.

No me dejes,
no me dejes,
no me dejes,
no me dejes

Yo te inventaré
palabras locas
Que tu comprenderás

Yo te hablaré
De esos amantes
Que han visto por dos veces
Arder sus corazones.

Yo te contaré
La historia de un rey
Que murió por no haber
Podido encontrarte.

No me dejes,
no me dejes,
no me dejes,
no me dejes

Se ha visto a menudo
Resurgir el fuego
Del antiguo volcán
Que se creía demasiado viejo.

Existen tierras quemadas
Que dan más trigo
que un mejor abril
y cuando viene la noche
para que un cielo arda
El rojo y el negro
¿Acaso no se unen?

No me dejes,
no me dejes,
no me dejes,
no me dejes
no me dejes

No voy a llorar
No voy a hablar
Yo me ocultaré
Para mirarte
bailar y sonreír
Y escucharte
cantar y después reír

Déjame volverme
La sombra de tu sombra
La sombra de tu mano
La sombra de tu perro

No me dejes,
no me dejes,
no me dejes,
no me dejes.


Inquietudes...

Me inquita la inmerecida risa de tu boca, la sombra perfumada de tus cabellos negros sobre mi espacio; Me extraña y me asombra cada pequeña excusa, su incesante tejer de segundos, sus velas rotas nuevamente remendadas, la sutil intención de cruzar, el río muerto de nuestra historia...



Quisieran todos los soles de mi cuerpo entonces, brillar hasta arder entre las púas de ese instante; quebrarme, inmaterial y etéreo, romper los cercos de esa mágica circunstancia y sembrar torrentes nuevamente, sobre los ríos secos de nuestra historia, a suerte de piel liquida infinita, saciar la sed de un cronos exhausto, navegar en silencio confundiéndonos por un instante; profanador y profanada...



Me esculpen mausoleos las combas dulces de tu voz lastimada, me cuentan historias imposibles sobre la cabeza felina de una almohada robada, y la revoltosa legión de emociones encuentra calma en el tierno susurro de la mañana, rebuscándose entre los hilos del sol, alguna que pueda, cerrar las heridas de la hermosa noche y alejarme de la tumba, mientras los golpes del corazón bailen un tango, con los golpes de tu voz entrecortada...



Entonces, vuelta la luz material del día y las comparsas ajenas de una nueva mañana, me inquieta encontrarme sujeto a tu suspiro, siendo este apenas una brisa a la nostalgia colgada, una pena alimentada por mis ojos de hechicero, una triste ecuación de amor, rencor y desolación... entiendo entonces que mis respuestas siguen ocultas, entre la vergüenza sus dudas y mis culpas...






                                                                                                           Tingo María, Noviembre 2010